"En Latinoamérica la frontera entre el
fútbol y la política es vaga. Hay una larga lista de gobiernos que han caído o
han sido derrocados después de la derrota del equipo nacional" - Luis
Suárez. [1]
Desde mediados del Torneo Clausura 2012 de Primera
División, que la suerte de Olimpo de Bahía Blanca en la categoría elite del
fútbol argentino estaba prácticamente echada. Las matemáticas estiraron la
agonía (y también la esperanza) hasta las jornadas finales, pero la gesta de
salvar del descenso al equipo del sur de la provincia de Buenos Aires era de
inmensa dificultad.
Con el promedio asfixiando y apretando con toda su
fiereza, donde el equipo daba pocas respuestas futbolísticas y con los hinchas
al límite de su paciencia, desembarcó en la conducción técnica Walter Perazzo.
El objetivo inmediato era intentar realizar un milagro y mantener al
“Aurinegro” en la A, pero trascendiendo de este desafío urgente, la dirigencia
optó por pensar a largo plazo y ofrecerle al entrenador quedarse como técnico
aun si el equipo perdía la categoría. La propuesta, lamentablemente poco común
en estas latitudes, intentaba comenzar a construir el proyecto de retorno de
inmediato. La formula elegida era la planificación y el trabajo, sostenidos en
el tiempo.
Finalmente Olimpo descendió a la B Nacional tras dos
años de jugar en Primera y tal como se había acordado, Perazzo se mantuvo en el
puesto. Con jugadores de las divisiones inferiores que ya habían comenzado su
proceso de fogueo sumando minutos en la máxima categoría del balompié nacional,
más la contratación de refuerzos de jerarquía para la divisional como Nereo
Champagne, Iván Furios, Matías Villavicencio, Matías Soto Torres y Juan Ignacio
Sánchez Sotelo, entre otros, sumado al arribo de jugadores que Perazzo conocía
de su paso como director técnico de la Selección Argentina Sub-20 tales como
Nahuel Benítez y Fernando Gutiérrez, se fue conformando un plantel y un grupo, acorde
a los objetivos y lineamientos trazados desde la llegada del ex jugador de San
Lorenzo al banco del cuadro bahiense.
Producto de haber comenzado a “jugar” este Torneo
Nacional muchos meses antes de su inicio, abordándolo con serias y elaboradas
pretensiones de campeonato y ascenso, es que el certamen encuentra a Olimpo
peleando en los primeros puestos de la tabla de posiciones.
No es aleatoria ni azarosa la ubicación del conjunto
sureño en la zona alta del campeonato. El equipo sabe a que juega y
primordialmente, conoce como llevar a cabo la idea de fútbol construida durante
un interesante e importante período. Fecha a fecha, va logrando plasmar en la
cancha con mayor asertividad los conceptos desplegados y expuestos desde la
conducción técnica. Con el valor agregado que tienen gracias a la localía, producto
de las dimensiones reducidas del campo de juego, las tribunas cercanas al
césped y las épocas del año donde el clima se torna muy hostil, establecen a
Olimpo como uno de los grandes animadores del torneo y como un rival de sumo
cuidado y peligrosidad para cualquier equipo.
Su
historia reciente, su estirpe de equipo grande del fútbol del interior y su
apuesta por un proyecto, determinan y postulan el gran objetivo/obligación de este
año: el regreso.
Desde el 2002 a la fecha, Olimpo de Bahía Blanca logró
subir a Primera División en tres ocasiones (2002, 2007 y 2010), pero ha perdido
la categoría en igual cantidad de veces (2006, 2008 y 2012).
¿Será la temporada 2012/2013, con la apuesta por
Perazzo y un plan a largo plazo, el puntapié inicial para una estabilidad
deportiva e institucional? Las decisiones que va tomando la dirigencia, ¿Serán
señales respecto de que el club va en vías de buscar un despegue que ya no
conozca de nuevos aterrizajes? ¿O bien, cuando nuevamente la pelota pegué en el
palo y salga, y el clamor popular reclame cabezas por los resultados negativos,
todo volverá a foja cero y el exitismo, la inestabilidad y las decisiones
apresuradas, tomarán el poder nuevamente?
Esperemos
que la bandera del largoplacismo se mantenga enarbolada en el Sur y se afiance
como un bastión más de este camino que el fútbol argentino debe comenzar a
transitar con mayor asiduidad, y que cada tanto encuentra saludables
exponentes.
[1] Periodista centroamericano. Fragmento extraído del libro “La Guerra del
Fútbol”, de Ryszard Kapuscinky.
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