Un espacio para evacuar el ser...

jueves, 29 de marzo de 2012

ENCALLANDO EN EL EDÉN

Siguiendo con rumbo perdido, nos aventuramos a cruzar una nueva frontera. Esta vez dejamos la ruta a nuestras espaldas y navegamos en un precario bote a motor, comandado por el capitán “Henry” y secundado por “Neril”, quien se encargaba de desagotar, con una botella de Coca-Cola partida por la mitad, toda el agua que entraba en la barca. Amenazando con hundirse en cualquier momento, partimos hacia el siguiente destino centroamericano. Rodeado de un cielo despejado sin presencia de nube alguna, con el sol radiante en su punto más alto y los inigualables celestes del mar Caribe, empezábamos a disfrutar de la infinita alegría de los Cayos Cochinos.
Después 2 horas y media largas, Henry anclaba en el mismísimo PARAÍSO...
Habitado por los “Garifunas”, una cultura de gente negra que vive de la pesca, al ritmo de los tambores africanos y del turismo de algún que otro aventurado viajero que, emocionado, llega a pedir un lugar para ser parte de esta existencia llena de alegría y pureza. Desintoxicados del consumismo y la tecnología a la que estamos acostumbrados a vivir en el resto del mundo, sin autos ni tráfico, sin reloj ni compromisos y sin luz y mucho menos Internet, el ritmo de vida en los Cayos Cochinos era como cruzar la frontera hacia otro planeta, a ese planeta utópico que muchas veces añoramos y que creemos ya perdido.
Durante una corta estadía de 5 lunas, cambie las hamacas por el colchón; los baldazos de agua por la ducha y la bañadera; el traje de baño por los zapatos, jean y camisa; los manjares de langostas, tajadas y “Chirinos” por el “choripan” y el asado. En aquella tierra, cambié “mis” paredes por “su” cielo.
Mañanas de sol y playa, navegación y pesca;  tardes de “fulbitos” interisleños sin final, de mates y ocasos pintados; noches de fiestas en ronda, al calor del fuego, al ritmo de los sonidos del negro continente y a la luz de un cielo único de incontables estrellas, colorearon mis historias y anécdotas, dejándolas guardadas para siempre en mi memoria.
Un compromiso de avión y relojes, nos obliga a abandonar en contra de nuestra voluntad,  aquel Campo Eliseo.
El camino continuaba. La ruta América Central nos deparaba Nicaragua, Costa Rica y Panamá; y siempre nos esperaba y nos esperará la Próxima estación……. ¡ESPERANZA!

EL_REBE

No hay comentarios:

Publicar un comentario