Después 2 horas y media largas, Henry anclaba en el mismísimo PARAÍSO...
Habitado por los “Garifunas”, una cultura de gente negra que vive de la pesca, al ritmo de los tambores africanos y del turismo de algún que otro aventurado viajero que, emocionado, llega a pedir un lugar para ser parte de esta existencia llena de alegría y pureza. Desintoxicados del consumismo y la tecnología a la que estamos acostumbrados a vivir en el resto del mundo, sin autos ni tráfico, sin reloj ni compromisos y sin luz y mucho menos Internet, el ritmo de vida en los Cayos Cochinos era como cruzar la frontera hacia otro planeta, a ese planeta utópico que muchas veces añoramos y que creemos ya perdido.
Durante una corta estadía de 5 lunas, cambie las hamacas por el colchón; los baldazos de agua por la ducha y la bañadera; el traje de baño por los zapatos, jean y camisa; los manjares de langostas, tajadas y “Chirinos” por el “choripan” y el asado. En aquella tierra, cambié “mis” paredes por “su” cielo.
Mañanas de sol y playa, navegación y pesca; tardes de “fulbitos” interisleños sin final, de mates y ocasos pintados; noches de fiestas en ronda, al calor del fuego, al ritmo de los sonidos del negro continente y a la luz de un cielo único de incontables estrellas, colorearon mis historias y anécdotas, dejándolas guardadas para siempre en mi memoria.
Un compromiso de avión y relojes, nos obliga a abandonar en contra de nuestra voluntad, aquel Campo Eliseo.
El camino continuaba. La ruta América Central nos deparaba Nicaragua, Costa Rica y Panamá; y siempre nos esperaba y nos esperará la Próxima estación……. ¡ESPERANZA!
EL_REBE
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