Un espacio para evacuar el ser...

miércoles, 26 de octubre de 2011

Constitución

Edificio de estilo palaciego. Enclavado, monumental, sobre la avenida Brasil, en el centro de ese barrio porteño donde mezclados con el Aleph van Santa Catalina y la Mignon, Don Carlos Thays y Alberdi, Marinelli y “El Peludo”.

Estación de trenes Constitución. Otro día de trabajo que se termina. “De algo hay que morir”, dice Julio. Gente corriendo, personas apuradas, cansadas y con ganas de volver a sus casas, se dispersan, se aglutinan, van de acá para allá. Van vestidas de traje, con “overoles” sucios o simplemente de “civil”, prolijamente descombinados. El letrero luminoso en las alturas da la información justa y necesaria, aunque nunca real. Anden 11. 18:08 horas sale el “A La Plata vía Quilmes”. Anden 4. 18:22 horas sale el “A Bosques vía Temperley”. Nunca saldrán a horario, pero es una buena referencia para saber que, con varios minutos de antelación a los que el cartel dice, los vagones ya estarán colmados y abarrotados de gente dirigiéndose hacia el sur del Gran Buenos Aires y también más allá.

En las alturas, los relojes analógicos no funcionan. Las máquinas automáticas expendedoras, tampoco. Solo dos boleterías habilitadas, y las restantes ocho, con las luces apagadas.

- “Apúrate y no dudes mas. ¿No ves lo larga que es la fila?”
- “Tenés razón, no vamos a agarrar lugar en el furgón si nos trabamos acá y después, ¿Dónde me meto la bici?”
- “Sí sí, dale que a esta hora el chancho no pasa ni loco a revisar boletos.”

Camino por el hall central. Mi tren sale en veinte minutos recién. Miro y escucho. Todo es velocidad, todo es de paso. Ruidoso, con voces.

- “Dale boludo, pásame la bolsa. ¡Dale! Lárgala, hace como diez minutos que estás con eso”
- “Pará loco, pará que está la compramos con lo que junté yo. Dos horitas enteras al lado de las boleterías y vos me la querés sacar al toque. Tómatelas”.
- “Bueno gil, siempre haces lo que mismo porque tenés doce y sos mas grande.”

Ambulan los trabajadores. Murmullan automáticamente precios y productos los manteros, diareros, puesteros, africanos joyeros.

- “Anillos. Oro. Plata. Relojes.”
- “Cinco alfajores cuatro pesos.”
- “Oferta única, directo desde la Aduana, biromes de tinta azul. En las librerias comunes se vende a …”

Predomina el español, pero no todos los acentos son iguales. Hay variedad de nacionalidades y con facilidad se podría armar mundial de futbol. Argentinos, senegaleses, cameruneses, paraguayos, peruanos, bolivianos, rusos y algún que otro gentilicio más. Todos montando esa extraña mixtura cultural en unos pocos metros cuadrados.

Vocifera el altoparlante.

- “Último llamado: Tren de las 18.31 horas a La Plata, vía Quilmes, sale por anden 4.”

Miro el reloj. 18.29 horas. Se me pasaron volando los minutos y la gente también vuela. Momento de adrenalina. No tengo boleto. Corro. Choco a alguien.

- “Pelotudo. ¿Por dónde andas?”

Se escucha el silbato. Me subo al tren ya en movimiento. Está lleno de gente y recién en Sarandi logró meterme en el vagón.

Me bajo en Bernal. Muchos llegamos a nuestras casas a descansar, y hemos atravesado fugazmente Constitución en el andar de la rutina, pero para muchos otros, ese espacio, donde conviven un crisol de personas y de mundos es Su lugar, Su hogar.

martes, 18 de octubre de 2011

Wing


El wing vive marginado. Como millones en el mundo. El wing alcanza la gloria -sin olvidar que es wing-, pero regresa a los suburbios. El wing le escapa a la concentración boba, al tumulto que unifica vaya a saber qué estupidez de turno. El wing se ríe de sí mismo y con los demás. Comparte un centro y tira la individual. A veces también hace la típica, torpe, como cualquiera. Amaga por adentro y sale por afuera. ¿Qué quiere decir que uno ande por el wing? Tal vez que le escape a una época para observarla ahí, distante, a un costado. Que la atraviesa con una diagonal. Que la desborda y lo desborda porque es frágil y humano. Pero a no olvidar: a los wines los llaman locos, esos, los de la concentración boba. Y en mi barrio alguien escribió en una pared: "Los chicos y los locos dicen siempre la verdad, por eso a unos los educan y a los otros los encierran". "Lo sacó de un Dos corazones", me dijo un auténtico wing, con los labios llenos de chocolate.

Por Roberto Parrottino

http://porelwing.blogspot.com/